Narcisismo - la afirmación del yo y sus sombras

El lado saludable
Sin un cierto narcisismo no existe el yo. Es él quien nos permite decir "yo pienso así", ocupar nuestro lugar en el mundo y creer que nuestras ideas merecen ser escuchadas. De él provienen la autoestima, la creatividad y el coraje de exponernos. Quien enseña, escribe, crea o lidera depende de ese impulso de afirmarse y de difundir lo que piensa. Cuando el narcisismo está bien constituido, la persona soporta una crítica sin desmoronarse y reconoce el propio valor sin necesidad de rebajar a nadie.
Cuando se convierte en defensa El mismo narcisismo puede trabajar en nuestra contra.
El inconsciente protege la imagen que nos formamos de nosotros mismos y, para ello, muchas veces oculta justamente lo que más estorba. Lo veo en la consulta y lo he visto en mi propia terapia: los rasgos que más nos perjudican son los que menos vemos. La persona siente el efecto en las relaciones, en el trabajo, en el cuerpo, pero no conecta esos efectos con su forma de ser. Admitir un defecto amenaza la imagen que construimos, por lo que resulta más fácil culpar al otro, a la situación o a la mala suerte.
Esto no es una mentira deliberada, la persona realmente no lo ve. En el lenguaje reichiano, es la coraza protegiendo una herida antigua, y cuanto más frágil es el núcleo, más rígida es la coraza. Como lo que no se ve no cambia, el mismo patrón regresa en varias áreas de la vida.
Cómo la terapia ayuda a ver?
Nadie ve su propio narcisismo tóxico por haber sido confrontado o convencido. Cuando alguien señala el rasgo desde afuera, la defensa se refuerza, porque la persona se siente atacada. Lo que funciona es una relación en la que se sienta lo suficientemente segura como para bajar la guardia por cuenta propia. En la terapia esto ocurre poco a poco. El terapeuta no juzga, y eso ya disminuye la necesidad de defenderse. La persona empieza a notar lo que repite: la misma pelea, el mismo distanciamiento, la misma frustración. En el enfoque reichiano, el cuerpo también habla. La tensión en el pecho, la respiración contenida y la postura rígida muestran la defensa en acción, y sentirla en el cuerpo suele convencer más que cualquier explicación. Por eso el descubrimiento duele menos.
Ocurre al ritmo de la persona, sin que nadie fuerce nada. Viene acompañado de alguien que no se aleja ante lo que aparece, y permite entender que aquel rasgo nació como protección, en una época en la que era necesario, lo que transforma la vergüenza en comprensión. Quien se ve a sí mismo de esta manera no necesita destruirse para cambiar. Poco a poco la coraza se afloja, la persona pasa a afirmarse sin necesidad de esconderse de sí misma, y las relaciones se vuelven menos tensas.




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